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Llegada de San Vicente Ferrer


La villa de Graus cumplirá en 2015 seiscientos años de devoción continuada a su santo patrón, el dominico valenciano Vicente Ferrer, que visitó la localidad en 1415.

Graus es hoy un municipio de la provincia de Huesca, en la comunidad autónoma de Aragón, España, capital administrativa de la comarca, con una población de casi 4.000 habitantes (2.750 residentes en su casco urbano y el resto en los pueblos agregados). Pertenecía en lo antiguo al territorio del Condado de Ribagorza, aunque sometido al feudo directo del Monasterio benedictino de San Victorián de Sobrarbe, en diócesis exenta hasta la recreación del obispado de Barbastro por disposición del rey Felipe II a fines del siglo XVI, en cuya jurisdicción eclesiástica continúa. En 1415 contaba con 115 fuegos o casas habitadas, según documento conservado en el Archivo municipal, dato que permite calcularle para entonces unos 500 pobladores. Muy a fines de junio de ese año llegaba fray Vicente Ferrer a Graus, procedente de Zaragoza y de Barbastro, precedido de una fama considerable. Cuenta la tradición local que el zaragozano Berenguer de Bardaxí, Justicia del Reino, oriundo de Benasque y en buena relación con sus parientes de Graus, le habría animado a visitar Ribagorza. Ambos habían sido compromisarios en Caspe tres años antes. Más seguro es que llevaba una carta del rey Fernando, fechada a 18 de mayo, por la que se le citaba en Perpiñán, y que venía acompañado del tropel andrajoso de hombres y mujeres que formaban, de modo espontáneo pero ya antiguo, la Cofradía de Penitentes. Ese día caminaba a su lado uno de los más fieles discípulos, fray Pedro Cerdán. Por el Portal viejo de la Magdalena entró el santo, un hombre gastado pero animoso de 66 años, a caballo en un borrico pues le supuraba la llaga de la pierna.

La llegada de fray Vicente Ferrer a Graus el último día de junio de 1415 la concretan unánimemente los biógrafos del santo, quienes se basaron en las actas del proceso de su canonización por el Papa Calixto III en 1455, fecha en que se hallaba aún muy vivo el recuerdo de los periplos misionales del dominico. La estancia de éste en nuestra villa se inscribiría, pues, en el viaje que desde Zaragoza le llevó a cruzar el Pirineo hasta Perpiñán, donde había sido citado por el rey de Aragón por asuntos relacionados con la renuncia al pontificado del Papa Luna para solucionar definitivamente la situación cismática de la Iglesia. Así lo evidencian fray Francisco Diago, o Tomás Merita, quien refiere la predicación del dominico en Barbastro en la festividad de San Pedro y San Pablo el día 29 de junio, la inmediata jornada peatonal hasta Graus y la permanencia del santo en esta población durante el mes de julio, con un desplazamiento a Aínsa por 11 días. Sanchís y Sivera    repite las mismas noticias, menciona visitas ocasionales a Aínsa, Benabarre y Fonz, anota que fray Vicente instauró en Graus la procesión de disciplinantes, práctica penitencial de su preferencia, y establece en metro y medio la altura del crucifijo que el santo regaló a los gradenses. Ofrece también cumplidos datos sobre fray Pedro Cerdán que, por enfermedad, había de quedar en la población a la partida de San Vicente Ferrer. Éste llegaría finalmente a Perpiñán hacia el mes de septiembre.

La biografía que dejó el padre Ferrer Valdecebro, nacido en Albarracín en el siglo XVII y autodeclarado pariente del santo valenciano -ignoramos con qué fundamento, pues el apellido Ferrer ha sido especialmente ubicuo-, tuvo varias ediciones desde 1725.    Basada también en las actas del proceso de santificación, ofrece una cronología muy precisa de los desplazamientos del dominico, si bien no difiere en esencia de la ofrecida por otros biógrafos. Sólo él menciona una estancia de San Vicente Ferrer en Graus anterior a 1415, procedente de Aviñón a solicitud del estéril rey Martín, cuya muerte sin heredero daría paso al proceso de elección monárquica que damos en llamar “Compromiso de Caspe”. Según esto fray Vicente visitaría Graus antes de 1410, año del fallecimiento de ese rey. Que el santo recalara en nuestra villa en dos ocasiones cabe dentro de lo posible. Y aún este viaje encaja bien con la tradición de que estuvo en Jaca y en Aínsa. Sin embargo la mención a Graus en este caso  se hace fuera de contexto cronológico, sólo para insistir en que el ejercicio de la procesión de disciplinantes se puso en práctica en nuestra localidad antes que en ninguna otra, y desde entonces fue aconsejada por el santo; práctica de flagelación sangrienta y conmovedora que los católicos generalizaron durante siglos en las procesiones de Semana Santa y en las festividades de la Santa Cruz (3 de mayo y 14 de septiembre). Un viaje de Aviñón a Barcelona pasando por Graus no parece en principio muy creíble, aunque el dominico soliera demorarse misionalmente en sus desplazamientos. Pero puede hacerse otra objeción: explica el biógrafo que fray Pedro Cerdán se sintió entonces enfermo y ya se quedó en Graus hasta el fin de sus días, lo cual resulta inexacto, ya que lo encontramos más adelante en compañía del santo. Da la impresión, pues, de que el padre Valdecebro sintetizaba con ligereza informaciones de tiempos distintos, lo cual no es extraño en un autor que venía precedido por la inverosimilitud de sus abundantes y conocidos libros en que aúna con total tranquilidad la realidad tangible con la fabulosa. De modo que nunca podremos asegurar la doble estancia de San Vicente Ferrer en Graus.

Finalmente, Mª Cruz Palacín Zueras  ha recogido en un artículo periodístico todos los detalles documentados de la andanza del dominico en tierras oscenses que, a grandes rasgos, coinciden con la tradición oral conservada por los grausinos a lo largo de su dilatada y ya secular veneración por quien les visitó un día y supo dejar aquí tan indeleble huella.

JUSTO BROTO SALANOVA. “El Santo Cristo y San Vicente Ferrer, Patronos de Graus”. (2013). Parte 1ª. Graus.

 


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Imagen de San Vicente Ferrer, que se venera en la Parroquia de Graus